¿Qué hice mal?
Qué terrible es replantearse decisiones ya tomadas y qué desesperante es no saber como actuar. Estas palabras cargadas de angustia son el impulso necesario.
¡Qué fácil es ponerse en el lugar del otro sin involucrar sentimientos! Pero también es fácil justificar acciones propias con discursos ajenos.
La bipolaridad, la volatilidad de la opinión, las múltiples interpretaciones de una sola noción, la tergiversación del discurso y lo pendular de los sentimientos. Eso me está matando.
Creo que no hay nada más confuso y desalentador que no poder confiar en las decisiones propias por creer patológicos los sentimientos de uno mismo.
¿Actúo por impulsos propios?¿Y si todas las acciones que hago en pos de mis supuestas convicciones son, en realidad, las antípodas de mi propia conciencia? ¿Me estoy queriendo creer un sofisma armado exclusivamente por mí? Todavía no descubro si la identidad es una construcción o una revelación del ser, una manifestación de algo secreto y oculto. No sé quién soy. Todo esto angustia, entonces, hay que tapar las angustias con algo. Pero ¿es esto positivo? Quizás la angustia sea necesaria para poder comprender y reflexionar; Pero cuando se presenta en dosis muy altas, o se es muy débil, es necesario aliviar esos dolores. Drogas, alcohol, ¿Compulsiones? Todo esto supone una carrera sin fin, que se sabe cuando empieza pero no cuando termina. Me pregunto, ¿Es posible bajarse de la ola cuando ya estás arriba?
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